Sobre el burka y otros complementos islámicos

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El otro día pude ver en televisión a una mujer de Túnez que vivía en España desde hacía varios años. Se había integrado en nuestra forma de vida o mejor dicho, en la forma de vida de los países no islámicos y no había tenido nunca ningún problema.

Ella misma dijo que tan sólo hacía dos años que había profundizado en la religión islámica y por sí misma había decidido ir con el rostro tapado. Hasta este punto todo correcto, ya que cada persona puede hacer con su vida lo que quiera. El problema viene porque esa persona ha tenido dos abortos con fetos múltiples y ahora vuelve a estar embarazada. Cuando fue al médico, éste le dijo que se descubriera la cara y que la iba a revisar, a lo que ella se negó rotundamente.

Por supuesto la cosa no quedó ahí y la mujer se fue a poner una denuncia al juzgado porque no la habían querido tratar.

El caso es que cuando llegó la vista del juicio, también se negó a descubrir su rostro y finalmente el juicio fue anulado, ya que la jueza le decía que tenía que identificarla. Se negaron y lo que dicen, es que deberían de preparar una habitación especial para que se puedan descubrir el rostro frente a una sola persona y que ésta, sea mujer. Lo único que faltaba es tener que preparar en cada juzgado de toda España un habitáculo especial.

Ella junto a su marido fueron al programa de televisión para contar su caso y decir que habían sentido intolerancia y discriminación, que un país que hacía gala de sus libertades y veían que no era así.

Y yo me pregunto: ¿Pero en qué mundo vivimos? ¿Qué es lo que está pasando?

La verdad es que a veces no se entiende nada. A mi parecer, no se trata de ser intolerante ni mucho menos. Yo sinceramente digo, que si a mi oficina llaman a la puerta y me aparece una persona con un burka puesto me da un jamacuco de la impresión y desde luego, no le abro. Pero también me pasa eso con las monjas, las que llevan el manto negro, me dan impresión y ya está, no es por otra cosa, quiero ver la cara de la persona con la que estoy hablando, nada más.

Además, a cualquiera de nosotros ¿nos dejarían entrar con un pasamontañas a un banco, médico, edificio oficial, grandes almacenes, supermercado, la tienda de barrio de toda la vida..? ¿a que no? y ¿con un casco de moto? tampoco ¿verdad?. No se trata de religión, ni discriminación ni nada por el estilo.

Para finalizar, opino al igual que le decían los periodistas, que para ella, su religión la ha puesto por encima de sus propios hijos. Si hubiera sido así toda la vida, pues bueno, pero tan sólo es desde hace dos años y ni siquiera para algo tan importante es capaz de dar su brazo a torcer.

Pues... ¡¡¡no lo entiendo!!!
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